Ser parte de una comunidad es condición para el crecimiento integral de cada persona. Formar parte de esa comunidad es compartir cada uno de sus elementos que se transmiten generación tras generación.

Vivir lo propiamente chileno es construir una identidad colectiva y personal, evitando perderse en lo indefinible de un “ciudadano del mundo”.

Así, desde una lúdica mañana de septiembre, entre rayuelas y empanadas, tirando la cuerda y en carreras de tres pies; bailamos nuestra cueca y vivimos la chilenidad.

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